Hace solo algunos días se dio término a la que se considera es una de las reuniones más importantes a nivel planetario sobre desarrollo sustentable. Congregó a representantes de más de 190 países, pero los acuerdos que finalmente alcanzaron sus delegados, no son precisamente muy ambiciosos.
No contemplaron metas tampoco plazos para temas como el cambio climático y la escasez de agua y de alimentos o la pobreza. Sin embargo, se emitieron algunas señales positivas para el futuro del medio ambiente global. La primera sobre el fortalecimiento del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente –PNUMA-, como principal autoridad ambiental mundial que establezca las actividades en pro del medio ambiente, promueva la aplicación coherente de los aspectos ambientales del desarrollo sustentable en el sistema de las Naciones Unidas y que actúe como defensor autorizado del medio ambiente a nivel mundial. La segunda, la migración del modelo tradicional de desarrollo hacia la economía verde, considerándola uno de los instrumentos más importantes para lograr el desarrollo sustentable y la erradicación de la pobreza. Un tercer punto acordado fue avanzar en la búsqueda de indicadores de crecimiento de los países que considere al medio ambiente, y de esta manera remplace el Producto Interno Bruto basado en análisis puramente monetario y no considera los costos ambientales “reales”.
Se acordó además, la adopción del Marco del Programa a 10 años sobre Consumo y Producción Sustentable, entendiendo que la “buena vida” no está relacionada a un alto poder de consumo, sino que más bien a la reducción de las brechas y al equilibrio, y que el nuevo “desarrollismo” tiene conciencia que los recursos naturales son finitos y que habrá que explotarlos y utilizarlos sustentablemente. Cabe mencionar que en el 2011, las Naciones Unidas no lograron un acuerdo respecto a este tema, cuyo proceso se inicia en el 2003 en el marco de la Cumbre de Sustentabilidad de Johannesburgo de 2002, lo que le confiere todavía más importancia a este acuerdo y deberían empezar a observarse avances en estas materias.
Entre los temas específicos, el documento final aborda su preocupación con la sustentabilidad de los océanos y mares, reconociendo que éstos y las zonas costeras constituyen un componente integrado y esencial del ecosistema terrestre, y son fundamentales para mantenerlo. Es tal vez uno de los más extensamente abordados -ocupó cuatro de sus 59 páginas-. Considera su contribución a la erradicación de la pobreza, el desarrollo económico sustentable, la seguridad alimentaria, la creación de medios de vida sustentables y trabajo decente, y al mismo tiempo, la protección de la biodiversidad y el medio marino, y las medidas para hacer frente a los efectos del cambio climático.
En este sentido, destacan los compromisos asumidos en pro de abordar “urgentemente” el tema de la conservación y uso sustentable de la biodiversidad marina en las zonas fuera de la jurisdicción nacional, a tomar una decisión sobre el desarrollo de un instrumento internacional en el marco de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, y a tomar medidas para el 2025, con el fin de lograr una reducción significativa de los detritos marinos.
Se reafirmó además el compromiso con el Plan de Aplicación de las Decisiones de Johannesburgo de eliminar los subsidios a la pesca, teniendo en cuenta la importancia de este sector para los países en desarrollo. Además se reiteró el compromiso de concluir disciplinas multilaterales sobre estos subsidios para hacer más estrictas las normas sobre éstos en el sector, incluso prohibiendo determinadas modalidades de subsidios de pesca que contribuyen a la capacidad de pesca excesiva y la sobrepesca, reconociendo que un trato especial y diferenciado apropiado y efectivo para los países en desarrollo y menos adelantados, debería ser parte integral de la negociación sobre los subsidios a la pesca en la OMC. La Ministra del Medio Ambiente de Nueva Zelandia manifestó en plenario el compromiso de su país de eliminar los subsidios a los combustibles fósiles y para la pesca.
¿Por qué el documento dedicó tantas páginas al tema? Es probable que la respuesta esté en datos como los de la OIT, que indican que en el mundo, la industria pesquera emplea a alrededor de 35 millones de personas, incluyendo a unas 27 millones que trabajan en la pesca de captura (que abarca a los pescadores a tiempo completo, a tiempo parcial y ocasionales). Que la gran mayoría vive en países en desarrollo (83% en Asia, 9% en África y 2,5% en América del Sur) y que la FAO estima que desde la pesca y acuicultura se generará parte importante de las proteínas que alimentarán el mundo.
Para Chile este es un gran tema, dados sus casi 5 mil Km de costa y la importancia del sector en la economía nacional. Las exportaciones de productos del mar, incluyendo pesca y acuicultura, en el 2011, representaron un 5% del total exportado por el país. Es la tercera actividad en generación de divisas, luego del sector minero y forestal, y la segunda sobre la base de recursos renovables. De las casi 90 millones de toneladas pescadas en el 2009 en el mundo, la participación de Chile alcanzó un 4%. Y ¿qué debemos hacer? el país ya ha adoptado cuotas de pesca y está a punto de ratificar la convención de la Organización Regional de Pesca (ORP) que regula la pesca en el Pacífico Sur. Pero además habrá que participar activamente de cada uno de los procesos que empezarán a surgir a raíz de los compromisos asumidos y desempeñar un rol preponderante en el debate mundial sobre la sustentabilidad del sector, apostando a que los demás hagan lo mismo y que hacia Río+30, haya más respuestas que preguntas…
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