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Central Hidroeléctrica Chacayes: modelo de gestión y control medioambiental
El proceso en la central se presenta como un ejemplo de cómo se desarrolla, implementa y monitorea un plan de manejo ambiental para la construcción de una hidroeléctrica.
31/07/12

(Sustentare-Revista Electricidad) En junio de 2009 comenzó formalmente la construcción de la Central Hidroeléctrica Chacayes, central de pasada de 111 MW, ubicada en el Valle del Alto Cachapoal, Región de O´Higgins. El trabajo de diseño, sin embargo, comenzó mucho antes, en 2006, cuando se integraron las consideraciones de la comunidad y ambientales. Para ello se realizaron campañas de monitoreos y consultas ciudadanas tempranas. Así, ocho meses antes del inicio de la construcción, ya se había habilitado un Plan de Manejo Medioambiental.

El diseño ambiental de Pacific Hydro consistió en la construcción de las bases medioambientales del proyecto, concebidas bajo un modelo de gestión ambiental. El proyecto tenía protocolos, que consideraban la delimitación del área a intervenir, además de su liberación y posterior entrega para el respectivo inicio de las obras.

Astaldi, empresa constructora del proyecto pidió a la consultora en ingeniería y medio ambiente MWH, además de la ingeniería, el desarrollo de dicho plan de manejo ambiental. “Astaldi solicitó que fuéramos su área medioambiental, como una especie de subcontrato. De esta manera, asumimos como área ambiental, interactuando con Pacific Hydro, lo que es poco común en este tipo de proyectos”, comenta Mario Lazo, gerente general de MWH Chile.

Chacayes fue pensado con el nivel mínimo de intervención, en que las obras permanentes fueron las bocatomas, la casa de máquinas y también las obras de conducción.

Adicionalmente a ello, se consideraron áreas para instalar las faenas, campamentos, oficinas, bodegas para almacenamiento de materiales y manejo de residuos, entre otros. Finalmente se consideró que todas estas áreas temporales, al término del proyecto, fueran restauradas.

En terreno

Sobre la base de los estudios ambientales de flora, fauna y arqueología, y en cumplimiento de los compromisos ambientales del proyecto, expertos y profesionales de MWH se trasladaron ocho meses antes de la construcción de la Central Chacayes para verificar las áreas de trabajo, identificar la flora y la vegetación afectadas, rescatar y reubicar especies protegidas de plantas, capturar y reubicar a pequeños mamíferos y reptiles, e identificar e implementar acciones para la protección de los sitios con valor cultural o arqueológico. Estas actividades, denominadas "liberación ambiental de áreas de trabajo” se realizaron previo al inicio de las obras en mayo del 2009, ajustándose enteramente a las normas legales ambientales de nuestro país.

Como primera medida, los profesionales tenían que acudir a las áreas autorizadas ambientalmente, a verificar e identificar lo que había en ellas, y dejarlo registrado en detalle. En la parte forestal, por ejemplo, se verificaba e identificaba las especies que estaban en peligro de extinción, y se evaluaba si era posible sacarlas, de manera de relocalizarlas. “Teníamos como MWH un equipo de operaciones ambientales, 12 personas en terreno permanentes, y otro contingente que recolectaba las plantas y las relocalizaba en otro lugar”, postula Rodolfo Castro, geógrafo y jefe de Proyectos de MWH Chile, y Responsable Ambiental de Astaldi durante la construcción del proyecto.

Respecto de la flora, se verificaron los Planes de Manejo Forestal establecidos, identificándose las especies y superficies a intervenir, aspecto importante, por cuanto el proyecto debe compensar la poda de vegetación, considerando que por cada especie cortada se comprometió la reposición de 10 ejemplares de la misma especie. Además, se catastraron y rescataron las especies en categoría de conservación vulnerable: la Puya berteroniana, más conocida como “Chagual”, y la Eriosyce curvispina, o “Cactus Rojo”, las que se llevaron a viveros para su posterior plantación o se replantaron directamente, en sitios previamente definidos.

Cabe señalar que Pacific Hydro desarrolló viveros para la reforestación, gestionados por miembros de la comunidad, para permitir la producción de aproximadamente 400.000 plantas y árboles autóctonos, ejecutando en la actualidad la reforestación de predios y la revegetación de áreas intervenidas.

En cuanto a la fauna, se rescataron básicamente reptiles y micromamíferos o mamíferos de baja movilidad. Se capturaron y relocalizaron en otras áreas, los cuales correspondían a lugares ecológicamente equivalentes, que presentaran hábitat adecuados, con refugios y fuentes de alimento y que no estuvieran sujetos a modificaciones por parte del proyecto. Las aves, como el Loro Tricahue, típico de este lugar, no se vieron afectadas.

“Teníamos un equipo de profesionales que recorría el área y hacía captura de animales, fundamentalmente micromamíferos y reptiles. Estos animales, lo que hacen es que no se van de su hábitat, sólo se desplazan, por ello los sacábamos del sitio, los manteníamos en jaulas y reubicábamos, era un rescate de fauna”, comenta Castro.

Los animales se capturaban por no más de cinco horas, que es lo que permite la normativa (porque la fauna se estresa), siendo reubicados en un área que no vaya a ser objeto del proyecto y que sea similar al hábitat anterior. “No se pueden llevar a lugares muy distantes porque las condiciones pueden cambiar demasiado. Lo que pide la autoridad es que el ambiente sea muy similar, para lograrlo, hay que hacerlo dentro de la misma cuenca. E intervenir las áreas ocupadas por el proyecto para evitar que se vuelva a repoblar”, comenta Mario Lazo.

En materia arqueológica, se encontraron algunos restos de patrimonio cultural, que fueron identificados e informados, pero que no fue necesaria su remoción, “pues se readecuó el proyecto (un camino de acceso), y para su protección se delimitó con un cierre y señalizó. Por su parte, algunas pircas que databan de muchos años, fueron documentadas cumpliendo los compromisos establecidos”, indica Castro.

Con toda esa información se procedía a entregar las áreas.

Agua, suelo y residuos

Durante el proceso de construcción de la central, el plan apuntaba a controlar y monitorear el cumplimiento de los requisitos ambientales del proyecto, como el manejo de residuos, sustancias peligrosas, tramitar autorizaciones y permisos, además del control ambiental. En el manejo de aguas el proyecto también destacó por su control medioambiental. “Chacayes tenía permiso para extraer agua del río para uso industrial y potable. Nuestro trabajo fue diseñar y obtener los permisos para tomar agua del río, primero para tener agua potable, y segundo para generar el sistema de alcantarillado y de tratamiento de aguas servidas”, cuenta Castro.

Desde el punto de vista de la optimización, las aguas de infiltración se canalizaron para que se mantuvieran limpias, separándolas de aquellas aguas sucias. Aquellas aguas derivadas de la construcción, por ejemplo bajo el sistema tradicional de excavación Drill & Blast, que requiere uso de agua, pero que en el proceso se contaminan fundamentalmente con sólidos, se trataban y luego se reutilizaban, tanto en el proceso como en riego, esto último como forma de minimizar el polvo en suspensión.

El uso de la Tunnel Boring Machine (TBM) requirió de bastante agua, “y ése fue un cambio significativo que hubo que hacer en manejo de uso de aguas residuales. Antes de la aplicación de la máquina estábamos generando entre 20 m³ y 40 m³ de aguas residuales, con la TBM sobrepasamos los 80 m³. “Tuvimos dos piscinas, una exclusiva para el túnel Cipreses (TBM). Son piscinas para decantar, donde se separan los sólidos y para tratar el pH, generando un agua que se pudiese descargar al río, cumpliendo la norma”, comenta Mario Lazo.

En el uso de suelo, fundamentalmente la medida que se implementó fue la intervención reducida, lo más acotada posible del terreno, y luego de ocupado, aquellas áreas temporales se recuperaban. “En todas las áreas de excavación se guardó el horizonte de suelo orgánico con el que se hicieron acopios especiales de manera que se ejecutara la restauración, para posteriormente volver a depositarlo en esas áreas”, expresa Rodolfo Castro.

El control de la contaminación del suelo tuvo un manejo y gestión interesante. “Los residuos se separaban en el origen, en contenedores con tapa cerrada e identificados con colores. Los residuos eran industriales, domésticos y peligrosos. Y todos aquellos que fueran inocuos, como restos de excavación, se iban a botaderos. “Respecto a los residuos peligrosos, éstos eran llevados a bodegas autorizadas. Fundamentalmente eran tierras contaminadas, aceites, lubricantes, grasas de maquinaria, lodos de los sistemas de tratamientos, entre otras sustancias”, sostiene Castro.

En la actualidad, Chacayes se encuentra en plena operación. Hoy en día, lo significativo en materia medioambiental está dado por cumplir con los caudales ecológicos, y trabajar, por parte del mandante, en cómo seguir siendo un buen vecino para las comunidades locales. Ahora sólo se generan residuos domésticos de las personas que trabajan en la Central, mientras que los botaderos están prácticamente cerrados, los que Pacific Hydro se encuentra reforestando.

Más acciones
Las medidas consideradas en la construcción de Chacayes implicaron una inversión de más de US$10 millones e incluyen:

- Utilización de bajas bocatomas –en vez de grandes represas– en línea con los estándares del Protocolo de Kyoto.

- Trabajos de túneles utilizando la técnica Tunnel Boring Machine (TBM), que permite disminuir el impacto ambiental.

- Implementación de un Plan de Manejo para la Comunidad, con el fin de anticipar, evitar y mitigar impactos sociales, además de manejar y dar respuesta a las inquietudes de los vecinos tanto en áreas rurales como urbanas.

- Construcción de una línea eléctrica de 66 kV, que permitió transmitir energía durante la etapa de construcción a través de otro proyecto hidroeléctrico, minimizando el uso de generadores diesel.

- Construcción de nuevas rutas de acceso y ensanchamiento de un puente existente, lo que permitió mejorar el acceso a las zonas remotas donde se construyó el proyecto.

- Con el fin de minimizar el impacto en la Reserva Nacional Río Los Cipreses, se construyó un túnel de 2,6 kilómetros para conectar dos bocatomas, en vez de un canal de flujo libre. Esto implicó un costo adicional de US$5 millones en el proyecto.

- Se pintaron algunas de las torres de la línea de transmisión para disminuir el impacto visual.

Fuente/Sustentare-Revista Electricidad

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